Así conocí el penal de Punta Carretas, en Montevideo. Y nadie
que conozca el penal de Punta Carretas se retira. Nadie deja. Siempre se ha
dicho, hasta el cansancio, que las cárceles no son una escuela, que la cárcel
no es una universidad del delito, pero, entre vos y yo, sí lo es. Cualquiera
que esté preso tantos años sale convertido en un delincuente, aunque sea por
escuchar. Aprende modalidades, formas de hacer las cosas, o cómo las hicieron
otros, y uno después empieza a razonar cómo es mejor, cómo mejorar el oficio. Y
nadie que vaya preso puede salir sin quedar contaminado por todo lo que allí
ve. Quien conozca la cárcel en profundidad, como yo, que estuve muchísimos años
detenido, es un difícil que no salga manchado. Algunos juzgan, sobre todo el
periodismo amarillo diciendo: “Escuela de delincuentes”, y yo siempre digo
públicamente: “No, no, no, no”. Pero ahora, entre ustedes y yo, se lo
reconozco. Evidentemente, uno allí aprende. Es lo que mama todos los días, es
lo que escucha, es lo que ve: otro montón de perdedores iguales que uno, que
han dejado la vida detenidos.
Luis Mario Vitette - El Ladrón del Siglo - Editorial Planeta



