sábado, 29 de febrero de 2020

Carl G. Jung – Recuerdos, Sueños, Pensamientos –


"Medio año después de mi nacimiento (1875) mis padres se trasladaron de Kesswil (cantón de Thurgau) junto al lago de Constanza, a la parroquia del castillo de Laufen, más allá de la cascada del Rin.

Mis recuerdos se remontan aproximadamente a los dos o tres años. Recuerdo la casa del párroco, el jardín, los libros infantiles, la iglesia, el castillo, las cascadas del Rin, el castillo de Worth y la finca de Messmer. Son islas de recuerdo que flotan en un mar indeterminado, aparentemente sin relación alguna.
De aquí emerge un recuerdo, quizás el primero de mi vida y, por consiguiente, sólo una impresión bastante vaga: yazco en un cochecito a la sombra de un árbol. Es un bello y caluroso día de verano, de cielo azul. Los dorados rayos del sol juguetean a través de las hojas. La cubierta del cochecito es alzada. Despierto en medio de tanta belleza y siento un indescriptible bienestar. Veo brillar el sol a través de las hojas y flores de los árboles. Todo es extraordinariamente maravilloso, alegre y vivo.
Otro recuerdo: estoy sentado en nuestro comedor en la parte occidental de la casa, en una alta silla para niños, y tomo leche caliente con trocitos de pan. La leche tiene sabor agradable y olor característico. Era la primera vez que percibía tal olor. Fue el momento en que desperté, por así decirlo, al sentido del olfato. Este recuerdo perduró en mí mucho tiempo."



 Carl G. Jung – Recuerdos, Sueños, Pensamientos Seix Barral 



martes, 25 de febrero de 2020

Sebastián de la Cruz – Del Fitz Roy al K2, una década de escaladas en alta montaña


"Cuesta abandonar la vida fácil del valle y ponerse a andar. Un constante cuestionamiento interno, una lucha de dudas desesperante. Al fin, vence la inconciencia… ¿No es todo inconciencia e improvisación en esto de escalar? Es lo que genera este picante gusto de aventura y es lo que busco correteando por allá arriba, sintiéndome libre. Pues venga, ¡andando!

Subo rumiando mis pensamientos embotados en mi mundillo interior, tan simple y tan complejo a la vez. Observo el camino que desando a cada paso, cada ramita, cada piedra, cada escarabajo o gata peluda reptando. Calculo subconscientemente dónde pondré mi próxima huella, programo el piloto automático de mi nave y me dedico a vagar por los bosques mientras cae el atardecer.

(…) Me río de mí mismo, imaginándome si alguien me estuviera espiando. Pensaría: “¡Este tipo está loco!”. Y me aseguro de que esto no sucede. Paso por el campamento del bosque donde rapiño una bolsa de dormir apolillada y un cacho de colchoneta. Por la morrena la órbita lunar me confirma hacia donde iré a escalar: a la Adela Central."

Sebastián de la Cruz – Del Fitz Roy al K2, una década de escaladas en alta montaña Editorial Caleuche



viernes, 21 de febrero de 2020

Sandor Marai - Confesiones de un burgués


"Mi padre también consideraba que un señor no debía pagar un alquiler ni vivir en una casa que no fuese la suya propia, y por tanto hacía todo lo posible para que pudiésemos comprar una. Sin embargo, pasaron tres lustros hasta que lo consiguió. A la «casa de propiedad» yo ya sólo iba de visita, pues estudiaba fuera de la ciudad, y no tengo ningún recuerdo agradable de aquella casa inútilmente grande, casi suntuosa. Mi infancia había transcurrido en los pisos de alquiler. Cuando pienso en la palabra «hogar», veo el enorme patio del edificio de la calle Fo, los largos pasillos colgantes con sus barandillas, el artilugio para desempolvar las alfombras y el pozo con bomba eléctrica. En el fondo era una casa fea y deforme; nadie sabía cómo había llegado hasta allí y sus habitantes no mantenían relaciones de amistad; en realidad ni siquiera eran buenos vecinos. Estaban divididos por castas, clases o religión. En las casas antiguas, en las de una sola planta, aún vivían familias con todos sus miembros, que eran amigos o enemigos pero que tenían una relación inevitable con todos los demás, tenían algo en común."

 Sandor Marai - Confesiones de un burgués- Editorial Salamandra


Edith Eger - La Bailarina de Auschwitz.

"Hice algo que no había hecho antes. Llamé a la puerta de la habitación de mi hija Audrey. Estaba sorprendida de verme, pero me inv...