martes, 31 de marzo de 2020

Pasajes de la guerra revolucionaria – Ernesto «Che» Guevara

"Alegría de Pío es un lugar de la provincia de Oriente, municipio de Niquero, sito cerca de Cabo Cruz, donde fuimos sorprendidos el día 5 de diciembre de 1956 por las tropas de la dictadura.
Veníamos extenuados después de una caminata no tan larga como penosa. Habíamos desembarcado el 2 de diciembre en el lugar conocido por playa de Las Coloradas, perdiendo casi todo nuestro equipo y caminando durante interminables horas por ciénagas de agua de mar, con botas nuevas. Esto había provocado ulceraciones en los pies de casi toda la tropa. Pero no era nuestro único enemigo el calzado o las afecciones fúngicas. Habíamos llegado a Cuba después de siete días de navegación a través del Golfo de México y el Mar Caribe, sin alimentos, con el barco en malas condiciones, casi todo el mundo mareado por falta de costumbre al vaivén del mar, después de salir el 25 de noviembre del puerto de Tuxpan, un día de norte, en que la navegación estaba prohibida. Todo esto había dejado sus huellas en la tropa integrada por bisoños que nunca habían entrado en combate. 

Ya no quedaba de nuestros equipos de guerra nada más que el fusil, la canana y algunas balas mojadas. Nuestro arsenal médico había desaparecido, nuestras mochilas en su gran mayoría habían quedado en los pantanos. Caminamos de noche, el día anterior, por las guardarrayas de las cañas del Central Niquero, que pertenecía a Julio Lobo en aquella época. Debido a nuestra inexperiencia, saciábamos nuestra hambre y sed comiendo cañas a la orilla del camino y dejando allí el bagazo; pero además de eso, no necesitaron los guardias el auxilio de pesquisas indirectas, pues nuestro guía, según nos enteramos años después, fue el autor principal de la traición, llevándolos hasta nosotros. Al guía se le había dejado en libertad al llegar al punto de descanso, cometiendo un error que repetiríamos algunas veces durante la lucha, hasta aprender que los elementos de la población civil cuyos antecedentes se desconocen deben ser vigilados siempre que se esté en zonas de peligro. No debimos permitirle irse a nuestro falso guía en aquellas circunstancias. En la madrugada del día 5 eran pocos los que podían dar un paso más; la gente desmayada, caminaba pequeñas distancias para pedir descansos prolongados. Debido a ello, se ordenó un alto a la orilla de un cañaveral, en un bosquecito ralo, relativamente cercano al monte fi rme. La mayoría de nosotros durmió aquella mañana."
 
Ernesto «Che» Guevara - Pasajes de la guerra revolucionaria – 

 



viernes, 27 de marzo de 2020

Cartas a Milena – Franz Kafka

«Quería lucirme ante ti, hacer gala de fuerza de voluntad, esperar antes de escribirte, despachar antes un acta, pero el despacho está vacío, nadie hace caso de mí, es como si se dijeran: Dejadle, no veis cómo cumple sus obligaciones, es como si tuviera un puño metido en la boca. Así, sólo he escrito media página y estoy otra vez contigo, echado sobre la carta como entonces, en el bosque, estuve echado junto a ti.»

Franz Kafka - Cartas a Milena - Editorial Alianza Literaria


lunes, 23 de marzo de 2020

Autobiografía y otros escritos – Benjamin Franklin

"Querido hijo: Siempre me ha gustado conocer pequeñas anécdotas de mis antepasados. Recordarás las pesquisas que hice entre los parientes que me quedan cuando estuviste conmigo en Inglaterra, así como del viaje que emprendí a tal fin. En la creencia de que podría ser igualmente agradable para ti saber las circunstancias de mi vida muchas de las cuales ignoras, y ante la perspectiva de una semana de inactividad en mi actual retiro campestre, me dispongo a poner por escrito, pensando en ti, el resultado de aquellas pesquisas."

Benjamin Franklin - Autobiografía y otros escritos –Le books


jueves, 19 de marzo de 2020

Groucho Marx – Groucho y yo –


"Uno de mis amigos íntimos era soltero convencido. Lo mismo que todos los que ha tenido la suerte de escapar a las redes matrimoniales, se burlaba del matrimonio y ridiculizaba sus pretendidos encantos. Lleno de beligerancia, iba con frecuencia gritando por todas partes que era inmune a los tan jaleados atractivos del otro sexo.

-He visto amigos míos –me dijo un día- que se dejaron pescar, y después de unos pocos años, ¿qué es lo que podían mostrar? ¡Profundas arrugas, niños y deudas! La mayoría de ellos están tan desmoralizados que no son más que un fantasma del hombre que yo había conocido. Ninguna mujer conseguirá atraparme –se jactó-. El matrimonio es para os idiotas. Yo soy demasiado listo. Soy un lobo solitario. ¡Me gusta estar solo!

No mucho después de ese día recibí el anuncio de su próxima boda. Unos cuantos días más tarde, recibí la inevitable invitación a una despedida de soltero que sus numerosos amigos le dedicaban. Para aquellos que no estén familiarizados con esta humillación semi-pública, el principal motivo de una despedida de soltero –aparte de emborracharse-, es dar a los amigos casados de la víctima la oportunidad no sólo de escapar de sus esposas por una noche, sino de pasar unas horas regocijándose ante las inminentes desdichas del pobre diablo.

La invitación llevaba la dirección de un famoso restaurante de Nueva York, cuyo nombre omito por cuestiones legales. Tenía cinco plantas y cinco comedores distintos. Al responsable de la invitación hice notar que el espectáculo en que trabajábamos por entonces no terminaba hasta las once, pero prometí que Harpo y yo haríamos acto de presencia tan pronto como nos fuese posible. Ese restaurante tenía un ascensor automático. No había antesala o vestíbulo entre el comedor y el ascensor en cada piso. Se apretaba un botón, el ascensor subía hasta el piso indicado, las puertas se abrían y ya se estaba en el comedor.

Harpo y yo ideamos una treta brillante. Cada uno de nosotros llevaría una maleta, y al meternos en el ascensor nos despojaríamos de nuestros vestidos. Luego guardaríamos la ropa en la maleta. Cuando el ascensor llegara el piso donde se celebraba la reunión, las puertas se abrirían y nosotros saldríamos como Dios nos trajo al mundo y tocados con nuestros sombreros de paja, portando las maletas. Esto iba a provocar sonoras carcajadas. Además de ser divertido, causaría impresión. Apenas si podíamos resistir la espera.

Cuando las puertas del ascensor se descorrieron, los dos bromistas hicimos nuestra entrada apoteósica. Pero algo había salido mal. En lugar de las sonoras carcajadas masculinas que habíamos previsto, tres mujeres se desmayaron y el resto empezó a llamar a gritos a l policía. Por lo visto, varias amigas de la novia daban aquella misma noche una cena en el piso superior. En nuestra precipitación, nos habíamos equivocado al oprimir el botón del ascensor.

Presos del pánico, dimos media vuelta, pero se trataba de una puerta automática y ya se había cerrado silenciosamente a nuestras espaldas. (…) El maître acabó por venir en socorro nuestro. Cogió apresuradamente dos manteles y corrió hacia nosotros. Nos envolvimos en ellos y con sonrisas confusas y enfermizas dirigidas a las ultrajadas damas fuimos conducidos hacia la escalera por un botones. Cerrando la marcha iba el maître con nuestras maletas.

Ni Harpo ni yo fuimos invitados a la boda."

Groucho Marx – Groucho y yo – Tusquets Editores

 

domingo, 15 de marzo de 2020

Natalia Ginzburg - Léxico Familiar

Me llamo Natalia Ginzburg.
Mi padre, Beppino, ama la ciencia y la naturaleza.
Lidia, mi madre, disfruta en cambio con «el placer de narrar». Tengo tres hermanos y una hermana. Vivirán lejos y me bastará la ficción para saber qué les ocurre. Cumpliré con los ritos: nacer, crecer, reproducirme. Algún día moriré. También escribiré libros. Quizá, incluso, plante el cerezo de aquella primavera triste de Pavese.
Oigo el ruido de los huesos arrojados contra la pared. Es la voz de todos los que me formaron: una abuela que amaba el orden, Natalina, la fiel, Leone Ginzburg, mi marido, en los tiempos en que yo aún me llamaba Natalia Levi, y tantos otros.
Me llamo Natalia Ginzburg: soy aquellos que fueron antes de mí.

Natalia Ginsburg - Léxico Familiar - Lumen Editorial

miércoles, 11 de marzo de 2020

Ernest Hemingway – El verano peligroso –


“El 13 de mayo el tiempo se mostraba excelente para la corrida de toros de Aranjuez. Había cesado la lluvia y la ciudad aparecía recién lavada bajo el sol. Los árboles estaban verdes y las empedradas calles limpias de polvo. Había muchos campesinos con sus blusas negras y los pantalones grises a rayas propios de la región y un buen número de madrileños. Nos dirigíamos a un viejo café restaurante a la sombra de los árboles y contemplamos el río y las barcas de recreo. Las aguas bajaban pardas y crecidas por la lluvia.”

Ernest Hemingway – El verano peligroso – Editorial Sudamericana

sábado, 7 de marzo de 2020

Jorge Fernández Díaz - Mamá


"A escondidas de todos yo jugaba a ser héroe y bandido, creaba películas llenas de disparos y acrobacias, y andaba por la calle hablando solo, dialogando con apaches, corsarios o vietnamitas. Un gigantesco remolino de imaginación me envolvía y me narcotizaba; tramas que yo concebía, desarrollaba y finalizaba en soledad absoluta; personajes que plagiaba y que vivían en mi fuero íntimo con sus voces y gestos, a salvo del mundo, de mis amigos e incluso de mi familia."

 Jorge Fernández Díaz – Mamá – Editorial Alfaguara

Edith Eger - La Bailarina de Auschwitz.

"Hice algo que no había hecho antes. Llamé a la puerta de la habitación de mi hija Audrey. Estaba sorprendida de verme, pero me inv...