“Ya no abrigaba ninguna esperanza de regresar a la India en
un futuro cercano. Había prometido a mi mujer que estaría de vuelta en el
término de un año. El año había pasado sin que por el momento hubiera
perspectiva alguna de retorno, por lo que decidí enviar por ella y los niños.
En el barco que los traía a África del Sur, Ramdas, mi
tercer hijo, se quebró un brazo mientras jugaba con el capitán del barco. El
capitán no dejó de atenderlo de la mejor manera, haciéndolo curar por el médico
de a bordo. Ramdas descendió a tierra con el brazo en cabestrillo. El médico
aconsejó que apenas llegáramos a casa, el brazo fuera revisado por un médico
competente en la materia. Pero era la época en que yo estaba totalmente
convencido de la importancia de mis experimentos con el tratamiento de tierra. Incluso
había logrado ya convencer alaguno de mis clientes para que intentaran a su vez
aplicarse el tratamiento de tierra y agua.
¿Qué otra cosa haría entonces por Ramdas? Éste acababa de
cumplir los ocho años. Le pregunté si deseaba que yo le arreglara el vendaje.
Con una sonrisa me dijo que no tenía inconveniente alguno.
A su edad no le era posible decidir lo bueno y lo malo para
su persona, pero conocía muy bien las diferencias entre el curanderismo y un
específico tratamiento médico. Y conocía muy bien mis procedimientos caseros y
tenía fe suficiente para confiarse a mí. Con verdadero temor e inquietud quité
el vendaje del médico, lavé la herida, apliqué una cataplasma de tierra, y
vendé el brazo nuevamente. Esta especie de operación se sucedió diariamente
durante todo un mes, hasta que la herida estuvo completamente curada. No hubo
complicaciones, y la herida no tardé en curar más de tiempo del que había
anunciado el médico iba a transcurrir bajo el tratamiento clásico.
Este y otros experimentos afianzaron mi fe en este tipo de
remedios caseros, y ya procedía a ellos con mucha más confianza. Amplié la
espera de su aplicación, tratando con agua y tierra casos de heridas, fiebres, dispepsias,
ictericia y otras enfermedades, con éxito en la mayoría de los casos.
La referencia que hago aquí´ a estos procedimientos, sin
embargo, no tiene por objeto demostrar su valor. No puedo pretender éxito
completo en cada caso. Incluso los médicos no pueden hacerlo con respecto a los
suyos. Mi único objeto es demostrar que todo aquel que quiera seguir adelante
con experiencias propias, debe comenzar consigo mismo. Esto lleva a un
descubrimiento más rápido de la verdad, y Dios siempre protege al investigador
honesto. "
Mohandas Karamchand Mahatma Gandhi - Mahatma Gandhi, Autobiografía
– Historia de mis experiencias con la verdad – Arkano Books

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