viernes, 21 de febrero de 2020

Sandor Marai - Confesiones de un burgués


"Mi padre también consideraba que un señor no debía pagar un alquiler ni vivir en una casa que no fuese la suya propia, y por tanto hacía todo lo posible para que pudiésemos comprar una. Sin embargo, pasaron tres lustros hasta que lo consiguió. A la «casa de propiedad» yo ya sólo iba de visita, pues estudiaba fuera de la ciudad, y no tengo ningún recuerdo agradable de aquella casa inútilmente grande, casi suntuosa. Mi infancia había transcurrido en los pisos de alquiler. Cuando pienso en la palabra «hogar», veo el enorme patio del edificio de la calle Fo, los largos pasillos colgantes con sus barandillas, el artilugio para desempolvar las alfombras y el pozo con bomba eléctrica. En el fondo era una casa fea y deforme; nadie sabía cómo había llegado hasta allí y sus habitantes no mantenían relaciones de amistad; en realidad ni siquiera eran buenos vecinos. Estaban divididos por castas, clases o religión. En las casas antiguas, en las de una sola planta, aún vivían familias con todos sus miembros, que eran amigos o enemigos pero que tenían una relación inevitable con todos los demás, tenían algo en común."

 Sandor Marai - Confesiones de un burgués- Editorial Salamandra


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