viernes, 24 de abril de 2020

Paul Auster- Diario de Invierno –


“Tienes sesenta y tres años. Rara vez, en el largo trayecto desde tu infancia hasta hoy, ha habido un momento en que no estuvieras enamorado. Treinta años de matrimonio, pero en los treinta años anteriores, ¿cuántos caprichos y enamoramientos, cuántos afanes y ardores, cuántos delirios de loco deseo? Desde que tienes conciencia has sido un esclavo solícito de Eros. Las chicas que amaste de niño, las mujeres que amaste de hombre, cada una diferente a las demás, alguna altas, otras bajas, algunas esbeltas, otras pulposas, intelectuales, deportistas, sociables, solitarias, blancas, negras, algunas asiáticas, nunca fue la apariencia lo que te importaba realmente, sino la luz interior que detectabas en ellas, la chispa de la singularidad, el fulgor de su identidad revelada, esa luz la hacía bella para ti, aunque para los demás fuera invisible esa belleza. Ardías por estar con ella, lo más cerca posible de ella, porque la belleza femenina es algo a lo que nunca te has podido resistir. Ya en el jardín de infantes te enamoraste desde el primer día de la niña rubia de larga cola de caballo. La maestra, la señorita Sandquist, los castigaba a menudo por esconderse juntos a hacer travesuras, pero esos castigos no significaban nada para ti porque estabas enamorado, porque el amor era tu debilidad, como lo sigue siendo ahora.”

 Paul Auster- Diario de Invierno – Editorial Six Barral



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