domingo, 10 de mayo de 2020

Isak Dinesen - Memorias de África –


"En nuestros safaris y en la granja mi conocimiento de los nativos llegó a convertirse en una relación estable y personal. Éramos buenos amigos. Acepté el hecho de que nunca llegaría a conocerles ni a entenderles del todo, mien­tras que ellos me conocían perfectamente y sabían qué decisión iba a tomar antes de que yo misma estuviera se­gura. Durante algún tiempo tuve una pequeña granja allá arriba, en Gil­ Gil, donde vivía en una tienda de campaña y viajaba por ferrocarril entre Gil­ Gil y Ngong. En Gil ­Gil a lo mejor decidía de pronto volver a casa cuando comen­zaba a llover, pero cuando llegaba a Kikuyu, que era nues­tra estación en la línea de ferrocarril, y desde donde había diez millas hasta la granja, uno de los míos estaba allí, con una mula, para que hiciera el camino cabalgando. Cuando les preguntaba cómo sabían que iba a bajar, miraban para otro lado, parecían sentirse incómodos, asustados o abu­rridos, de la misma manera que nos sentiríamos nosotros si una persona sorda se empeñara en que le explicáramos una sinfonía."

 Isak Dinesen - Memorias de África – Editorial Alfaguara



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