miércoles, 8 de julio de 2020

François-René de Chateaubriand - Memorias de ultratumba (libros XIII-XXIV)

EN QUÉ PUNTO SE HALLAN MIS MEMORIAS
    Me ha sucedido lo que a todo empresario que trabaja a gran escala: he levantado, en primer lugar, los pabellones de los extremos, luego, desplazando y recolocando aquí y allá mis andamios, he subido la piedra y el cemento de las construcciones intermedias; se requerían varios siglos para terminar las catedrales góticas. Si el cielo me concede seguir viviendo, el monumento estará acabado en varios años, el arquitecto, siempre el mismo, sólo habrá cambiado de edad. Por lo demás, es un suplicio conservar intacto el propio ser intelectual, aprisionado en una envoltura material gastada. San Agustín, al sentir deshacerse su arcilla, le decía a Dios: «Sirve de tabernáculo a mi alma»; y él les decía a los hombres: «Cuando me hayáis conocido en este libro, rezad por mí.»
    Hay que calcular treinta y seis años entre las cosas que dan comienzo a mis Memorias y las que me ocupan ahora. ¿Cómo reanudar con cierto entusiasmo la narración de un asunto lleno en otro tiempo para mí de pasión y de fuego, cuando ya no están vivos aquellos con quienes voy a conversar, cuando se trata de despertar efigies heladas en el fondo de la Eternidad, de descender a un fúnebre panteón para simular la vida? ¿No estoy yo mismo casi muerto? ¿No han cambiado mis opiniones? ¿Veo las cosas desde el mismo punto de vista? Estos acontecimientos personales que tanto me turbaban, los acontecimientos generales y prodigiosos que les acompañaron o les han seguido, ¿no han disminuido de importancia a los ojos del mundo, así como a los míos propios? Quienquiera que prolonga su vida siente enfriarse sus horas; no encuentra ya al día siguiente el interés que sentía la víspera. Cuando buceo en mis pensamientos, hay nombres, y hasta personajes, que escapan a mi memoria y, sin embargo, hicieron quizá palpitar mi corazón: ¡vanidad del hombre que olvida y es olvidado! No basta con decir a los sueños, a los amores: «¡Renaced!» para que renazcan; no se puede abrir la región de las sombras más que con la rama de oro, y para cogerla hace falta una mano joven.


François-René de Chateaubriand - Memorias de ultratumba (libros XIII-XXIV) – Editorial Acantilado

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